En la cotidianidad el tiempo fluye sin parar. Los aromas y espacios coexisten. Uno a uno se transitan sucesos, como si nada pudiera detenerlos. ¿Cuándo tomamos consciencia de que ya el minuto que acaba de ocurrir ya no existe? Día a día morimos en el transcurrir del tiempo. ¿Qué tan vivos estamos al morir diariamente? ¿Realmente vivos?¿Realmente conscientes de estar vivos? ¿Cuál es la diferencia entre vivir en el morir continuo de la vida, y estar muertos en vida?
Un aroma, un color, una sonrisa, una palabra, una caricia, el dolor, la alegría... la percepción y tolerancia de ellos marca la gran diferencia.
